Carta de Jean Vanier - enero 2010
Queridos amigos,
Me gusta mucho la temporada de Navidad. Dios se hace carne; se hace
pequeño para enseñarnos a amar y estar abiertos a quienes sufren y están
en dificultad. No cabe duda de que Dios está aquí en nuestro mundo pero
espera en silencio a que nosotros nos tornemos hacia Él y pidamos
su ayuda. En el libro del Apocalipsis dice que el Señor toca a la puerta.
Si alguien escucha y abre la puerta, Él entrará para comer a su mesa.
En el contexto bíblico, comer con alguien significa volverse su amigo.
Dios quiere que seamos sus amigos. Sin embargo, no existe ni el
amor ni la amistad sin libertad. Si rechazamos a Dios, Él esperará
a que abramos la puerta. Dios es prisionero de nuestra libertad.
El Dios de la compasión no puede ejercer su compasión en el mundo
sin pasar por nuestra inteligencia, nuestra sabiduría, nuestras capacidades
y nuestro corazón. No es un Dios de violencia sino uno que invita y que
espera con amor para darse a cada ser.
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